17/10/11

En la avenida


En la avenida andan a ciegas las miradas,
se dispersan entre nubes las palabras,
y el silencio que no olvida
hace eco entre el alambrado público.

Y caminan los que luchan,
los desahuciados,
los vivos que han muerto
y los que han resucitado
entre líneas invisibles
pasando el semáforo.


Caminan tantas almas
que segmentamos,
que compran, y ahorran,
gastando las suelas del zapato.

Y caminan en la avenida
todos esos que son, y no son.

El marido y su amante,
la mujer y sus niños,
los niños sin padre, ni madre,
los enamorados,
los vendedores ambulantes.

Y cambia el semáforo,
y cambia el mercado,
y cambiamos todos,
entre avenidas.

20/9/11

Massdrama

Por mucho que escriba, que racionalice, que piense, si le doy cuerda al asunto me vienen esas ganas incontrolables de vomito. Lo más importante, pienso, es mantener la calma, ser práctica y arreglar vía legal el "drama". Es lo que ha dicho el abogado, en estos momentos mucha calma, no aceptes que se omitan los derechos que la legislación otorga. ¿Tiempo? No tengo todo el tiempo del mundo, el 15 de setiembre ya pasó. Es verdad, me han echado, me han dejado en paro, con los bolsillos vacios, y salidos, por aquello. Cometí un error, un error gravísimo, considerar buscar un empleo y decir adiós a los colegas. 

17/9/11

Mi taza de café

Una taza al desayuno, a media mañana, después de comer o antes de dormir.

Una taza que tranquiliza, que inspira cuando simplemente se chorrea el café, después que la vieja cafetera anuncia que ha hervido el agua.

Una taza, mi taza, donde se mezclan los frutos y semillas del cafetal recién cosechado.

En algún momento del día, el café caliente que se asienta en mi taza anaranjada, que me invita a leer los posos de café, donde nacen ideas entorno al encuentro con el silencio.

Te vas

Te vas ahora que no estoy fallando, que estoy dejando salir lo que hay en mi. Te vas, y siento que me estás matando, que me estoy ahogando en el temor.

16/9/11

Menudo día de mierda

No estoy borracha, ni perdida, ni tengo el cerebro embotado, sin embargo, es como una pesadilla, aunque no debería serlo.

Me doy un pellizco en el brazo y, aunque poco, algo siento, y no sé si es a raíz de que la cabeza me da vueltas, o de la congoja.
¿La cabeza? El problema es la cabeza, que nunca se sabe cómo va a reaccionar. Había transcurrido el día como un día cualquiera, pero como otro día al fin de cuentas, no sé en donde tenía la cabeza para andar haciéndome perdonar sin razón alguna.

La primera línea me dio en el hígado, diría yo, parecía que lanzaba gritos, y apenas comenzaba lo peor: una despedida precipitada, un silencio de muerte, y de pronto una serenidad aplastante, como si nada tuviera que ver conmigo, solo las ganas irresistibles de tomar café, fuertísimo, eso sí.
No se trata ahora de recurrir al egocentrismo implacable, pues resulta una solución muy fácil echarle toda la culpa al drama. La culpa no ha sido mía, de eso estoy convencida, quizás por eso la feroz actividad del café en mi estómago me devolvió la calma.

¿Y qué va a pasar?, todo directamente a la mierda.


Nunca pensé que tuviera esas dotes de prepotencia, aunque debo reconocer que le quedo esplendida la función sin guión, ni telón ante una situación abiertamente caótica, que a mi me llevo a casa despedida y agotada.