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2/4/13

Siendo sincera

Siendo sincera, el adiós dolió. Dolió en el corazón, tanto como en el orgullo. 

Mi tutor de media noche. Mi distracción de madrugadas. Mi verso calladito al lado de la cama.

¡Sí! Siendo sincera, duele. Duele despertar sin ese quiubo tan singular saliendo de tus labios.

Mi guardián de sueños. Mi poeta noctambulo. Mi abrazo perdido en medio del silencio, del crujir de sabanas.

Siendo sincera extraño los besos robados que tanto me enfurecían cuando interrumpías mi lectura. Y esas carcajadas al verme brincar con la esperanza de algo alcanzar. Extraño esos suspiros que dabas al verme enfadar. Esa simplicidad, esa complicidad... la extraño.  

Y sí, siguiendo con este ataque de sinceridad sin ti, reconozco que nos perdimos, y duele reconocerlo. Perdimos la elocuencia en la cama de tanto maquinar, de tanto pensar. Quizás más del lado de mi cama que del tuyo. Porque nos perdimos, perdimos eso que Bécquer llama pasión, que Neruda dice ser amor y que en Benedetti es una estrategia.

Es decir, resumiendo, duele no saberte hoy aquí. 


28/5/12

Ugly patito

La espesura de la noche que embriaga,
amalgama realidad versus fantasía.
Campo minado es hoy mi mente. 
Palabras que hacen que eco, silencios que hieren.
El olor a cafeína se esparce, se concentra el insomnio, 
y las voces del pasado retumban.
                                                        Ugly patito!

Pasa el tiempo, presente realidad que se convierte en pasado.
Los verbos esta noche se han embriagado,
se alzaron en huelga.
Destila el alma alcohol, destila la vida dolor.
Que pesadez sienten los pies, que cansancio acosan las pupilas.
No son capaces las palabras de controlarse a si mismas.
Huir, huir astutamente de esta vida inerte que tanto aman.
Amar. Hay verbos que denotan acción estilizada.
Duelen los tímpanos, duelen.

A la mierda el coeficiente intelectual,
a la mierda las hadas drogadas con codeína,
los hospitales sin puerta de salida,
las visitas sin horario y las vías ensangrentadas.
A la mierda la antología de besos que se dieron,
las palabras cursis que no significan nada.

Y entre tanto brindo:
Por la sobriedad de las madrugadas que me acompañan.
Por el presente que se repite en el rollo viejo que siempre dejo velarse. 
Por las películas que siempre olvido alquilar.
Por las gafas herrumbradas que perdí en la playa.
Por lo que escuche decir.
Por lo que dejo huellas en mi alma.

5/12/11

Mes a mes

Siempre creo olvidarlo, por inercia mis piernas me conducen mes a mes hacia a ese lánguido pasillo, que se ha adherido a mi sombra, al paso de mis tacones.
Quizá, a paso rápido -pienso, puedo escapar de allí.
Depósito en la caja desteñida la boleta blanca que trae consigo mi nombre completo, para evitar confusiones.
El parlante me avisa; mi cuerpo se levanta, y mi mente se queda allí sentada, mientras abro la pesada puerta y reposo lo que queda de mí en ese viejo sillón, extiendo el brazo (una semana el izquierdo, la otra el derecho), la liga se enrolla por sí sola, mientras él resbala un trozo de algodón sobre mi blanca piel, y sin darme cuenta lo hace, uno, dos, tres, cuatro… siete tubos.
Con tal destreza lo hace, o han de ser los años que olvido esa sensación que punza, cuando la jeringa entra a adsorber mi sangre, que no siento, no siento nada, ni las voces en mi cabeza, ni el estremecimiento de la piel.
Presionando el brazo regreso por mi alma, la adhiero a mi cuerpo y vuelvo por el lánguido pasillo al encuentro con la otra parte que aún queda en mi. Regreso sin despertar, porque no se trata de un sueño, es la realidad.