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30/9/15

Parafraseando a Walter Riso y a Saramago

Necesitas de mucho valor para amarme. Soy una mujer marcada por mi pasado. Una mujer de carácter fuerte pero de corazón bueno. 
Me he levantado siendo más fuerte después de una aparente caída, o varias.
A través del sufrimiento aprendí cual es el verdadero valor de la vida y estoy dispuesta a darla por una buena causa.
Necesitas de mucho amor para curar mis heridas, mis desilusiones, mis equivocaciones, pero sobre todo, necesitas ser inteligente. Muy inteligente.
Porque tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. 
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos y las ilusiones se convierten en esperanza. Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirme en el fuego de una pasión deseada. Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos. Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
¡Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento!. 

16/7/15

En este momento de mi vida

Subí al tercer piso con un ligero equipaje, consciente de que al cumplir 30 no pasaría desapercibida. Para bien o para mal el numerito este nos confronta sobre lo conseguido y lo pendiente por alcanzar, todo gracias a la presión social que se ejerce sobre cada mortal en esta tierra.

Casarse, trabajar, tener hijos o abandonar el hogar paterno son la idea central de cualquier conversación en la que una se vea involucrada.

Las expectativas de lo que debía alcanzar versus lo que verdaderamente logré al llegar al tercer piso es el origen de los más épicos conflictos a los que hoy me enfrento.


En los últimos seis meses de mis treinta años han surgido ciento y un interrogantes, he sentido miedo, angustia, temor, me he “torturado” a mí misma, pero la montaña rusa de emociones la he vivido a plenitud y consciente.

A dos días de hacer cumplido treinta y un años veo en el espejo el reflejo de una mujer que está defendiendo sus ideales; no lo que la sociedad demanda de mí,  y aunque es un desorden puedo decir que es esta la mejor etapa de mi vida, porque en los últimos seis meses aprendí que lo común no necesariamente es normal, que ser buena no es sinónimo de ser idiota, es tan solo una virtud, porque parafraseando a Charles Chaplin, decidí que mi cuerpo desnudo le pertenecerá solo a aquel que se enamore de mi alma desnuda, porque el tamaño de mis pechos no definen mi valor, aprendí que suponer no es una opción, que ser autentica es un deber conmigo misma, que hacer y dar siempre lo mejor es tan solo un compromiso con mi mente y mi corazón, que sí alguien me lastima es porque yo así lo decidí, soy dueña de mis emociones.

Es decir en este momento de mi vida en el que llevo mi cabello largo, en el que las gafas me siguen caracterizando gracias a la miopía, al astigmatismo y a un coágulo en la vena central de mi ojo derecho, en el que sigo midiendo lo mismo de hace diez años, en el que soy más consciente que nunca de mi diagnóstico médico, en el que sigo siendo asustadiza y le sigo teniendo miedo a los temblores… me he reconocido desnuda en cuerpo y alma, reconociendo a la mujer que soy, una mujer activa, ingeniosa, ocurrente, imaginativa, creativa, con dones y talentos desbordantes, desafiante y ambiciosa, con un carácter hermético, testaruda, una mujer que piensa, repiensa y medita, rigurosa aun siendo un tanto indisciplinada, con un sentido inminente de equidad; y aunque me siento vulnerable me exijo ser fuerte, sobre todo en este proceso de cambios y transformaciones, porque entendí que mi vida me pertenece y ser la extensión de otros no es una opción, y es que está bien que no estén de acuerdo conmigo, la discrepancia es enriquecedora. Porque en este bombardeo de comentarios que van y vienen en mi contra, simplemente me pregunto ¿Qué puedo hacer mejor? 


En fin, llegue a mis treinta y un años con una cuenta bancaria que está en cero, una casa por pagar, dos tarjetas de crédito, llegue siendo un número más en el infinito índice del desempleo, llegue con el mismo equipaje con el que me prepare para llegar a los treinta hace un año y aunque no han sido días fáciles recuerdo una frase Nora Ephron “Sobre todo, sé la heroína de tu historia, no la víctima”. 


23/9/13

Soltera y sin hijos


Antes de que comience a leer deseo advertirle que si es usted una mujer; como suelen decir, infelizmente casada e infelizmente madre no debería continuar la lectura.

Tengo veintinueve años, soy soltera, no tengo hijos, lo cual no es sinónimo de que esté en contra del matrimonio ni la maternidad. Tampoco es sinónimo de infelicidad, egoísmo, o algún otro sinónimo de las palabras mencionadas.

Soy soltera y sin hijos porque aprendí; gracias a la formación de mis padres a tomar decisiones en base a mis proyectos personales y profesionales. Es decir, a corta edad tome la decisión de estudiar una carrera que me apasionase para así no tener que trabajar nunca, por ende decidí rodearme de personas con una línea de pensamiento similar, eso significa que gusto de conversaciones inteligentes, retadoras, tanto como alentadoras; lo anterior me volvió una persona selectiva.

A lo largo de los años he ido construyendo una madurez emocional que me ha costado relaciones fallidas, tanto a causa de mi apatía por las relaciones dramáticas, como en mi manera de ver el amor; una balanza entre lo racional y lo emocional.

De cara a la vida sentimental he por tanto aprendido a conocer y descartar, así que si usted es de las mujeres que se jacta de llevar un anillo de compromiso o una sortija de boda, mirándome con lastima, pierde su tiempo. Lo que quiero decir con esto es simple, su frustración no fue mi elección.

Si es usted hombre y ha leído hasta el párrafo anterior, quiero que sepa que ser soltera y sin hijos se debe a que a diferencia de las mujeres con quienes suele compartir su cama, yo no busco un hombre que me proteja, busco un hombre que sea mi compañero, quien viva en busca de su realización personal y profesional, y comparta conmigo esa felicidad y triunfos, al mismo tiempo que comparto con él mis alegrías y logros.   

¿Por qué escribir algo así? Se preguntará, si al igual que yo es una mujer soltera, felizmente casada o bien si es usted un hombre con sentido común… pues bien últimamente he lidiado con comentarios despectivos, un tanto cargados de lástima, pero más aún de frustración e incomodidad por parte de mujeres que se sienten molestas consigo mismas por mi estilo de vida... Así que decidí reflexionar un poco al respecto.

La vida se basa en decisiones, se basa en asumir responsabilidades, se basa en convicciones, y hago hincapié en el tema de asumir responsabilidades, de verse a uno mismo como individuo de no actuar con base a lo que los demás quieren, esperan o desea… La felicidad es algo personal.

Déjeme decirle que el amor es algo maravilloso, que creo en él. He llegado amar y he sido amada. He llorado y sonreído por el amor, pero sé que esa idea de subirse o no al tren del amor es una decisión basada en la felicidad de dos personas que quieren vivir una vida compartida sin dejar de ser quienes son, es un nosotros sin egoísmos, sin machismo ni feminismo.

En fin, la razón de este desahogo es simple, como lo mencione, las mujeres libres e independientes no tenemos la culpa que las mujeres frustradas e infelices se sientan más frustradas y más infelices al vernos ser felices.
 

15/7/13

Hablando de mi

El preámbulo de los treinta es un agasajo mental. ¡Sí! Así lo defino, un agasajo que viene a cuestionar sobre lo vivido, lo aprovechado, y porque no lo desaprovechado. Aunque siempre de lo que consideramos derrochado aprendemos mucho más.  

Pues bien, como quinceañera releí mi diario, sí, sí, un diario, como esos de colegiala en donde plasmas sonrisas, llanto y suspiros, uno por el cual los años han pasado, han ido madurando, dejando entre ver en sus páginas amarillas una metamorfosis, mi metamorfosis.
Soy lo suficientemente consiente de que en la vida lo importante (Al menos así lo he aprendido) es reconocerse en lo vivido, en recoger de cada experiencia una pisca de algo que en algún momento ha de servir. O pues bien, una pisca de algo que siempre se presta como excusa para brindar.   

Por tanto he de confesar que ayer cerré un ciclo, renací, eso significa para mí un cumpleaños, en el que se recopilan experiencias tal cuales tesoros.
Y acá entra el sentimentalismo, siete años atrás ¡Qué rápido pasan los años! Cada vez voy comprendiendo e interiorizando la realidad, mi realidad, la cual en lo más mínimo se asemeja a lo que una vez soñé. ¡Condenado destino! Pero que bueno ha sido este conmigo.

Por ello aquí estoy, aquí voy, aquí sigo sacando pecho, remangándome la camisa, sacudiéndome el polvo de las rodillas, lavándome la cara y curándome las heridas, pero mejor aun saboreando los buenos momentos, esos en donde duele la panza de tanto reír, en los que las lágrimas brotan de felicidad, en los que sientes que el corazón se te sale del pecho por su palpitar.
Y lo mejor, me quedan sueños por cumplir, metas por alcanzar, cosas por compartir, un camino por andar, otros por conocer... y he de confesar que hoy más que ayer la convicción de encontrar un compañero de vida, alguien capaz de amar con libertad. En tanto este llegue, continuo mi nuevo ciclo, uno que trae ya consigo muchas más bendiciones de las que podría creer merecer, una familia hermosa más no perfecta, una profesión que no es un trabajo es un placer, una pasión, y, desde hace mucho un fenomenal grupo de amigos y amistades, que me hacen recordar que siempre hay algo en la vida por celebrar.

Son muchas las bendiciones, los regalos que han llegado a tocar mi alma, mi mente, haciéndome ser una mujer que recién cumplió veinte nueve años, y con ellos un invaluable significado sobre el don de la vida que Dios me concedió.
Hoy por tanto continúo caminando, sonriendo, llegando a casa, amándome para poder amar con sinceridad, siendo feliz, llorando con libertad y sin culpa, encontrando y defendido mi lugar en el universo.

¡Felices 29!

6/2/13

Dialogando


No puedo escribir con elocuencia. Se han marchado las palabras, tan solo balbuceo esperando no molestar. No molestarme. La noche antes siempre es igual ¡Qué poco original! La analogía es irónica, preparo con ansias (dolor) el traje. No es un vestido, ¡No, no lo es! Es más un pijama a cuadros de franela. No son zapatillas. Son pantuflas que se quedaran al borde de la cama, lo más seguro que en la grada improvisada de hierro. El peinado no requerirá tiempo, una liga sujetara el cabello, y el maquillaje estará demás. No es permitido en el lugar. Habrá tanto blanco que me cegara. Habrá tanto silencio que me arropara. Habrá saloneros que prepararan la mesa con algodón, vías y tijeras. Ellos, o ellas serán amables, por educación u obligación. Harán preguntas incomodas, a las que daré respuestas incomodas. Será un día, un día nada más.  

15/1/13

Contra ti, de nuevo


Este dolor de manos me recuerda todo cuanto quise, todo cuanto soñé antes de que llegara aquel día. Hoy duele respirar, duele como si presionaras mi pecho con la fuerza con que detuviste mi vida. Escribiéndote se me empañan los lentes, porque duele más en el alma que en el cuerpo. Sé que abrirás una vía, después otra, y así sucesivamente conforme pasen los días, hasta que no quede vena en el brazo sin haber sido ultrajada, hasta que el blanco color de mi piel pase a morado, y poco a poco hagan matiz los hematomas en ellos. Sé que esto pasara una y otra vez, pero no me resignaré.

6/8/12

A los veintiocho


A casi un mes de haber cumplido veinteocho / sigo midiendo lo mismo que hace diez años. / Sigo siendo egocéntrica e inmadura, / fastidiosa con sincera devoción. /  Sigo sin entender el silbato de mejengas y campeonatos. / Deje el tabaco, pero no el café. / Hay adicciones que son para siempre. / Sigo siendo mala en eso de socializar. / Incapaz de impresionar un tumulto de gente, / de avivar una salida, / de seducir con ironías, /  chistes / y palabrerías. / Es decir sigo siendo yo / un poco más vieja. / La que prefiere reservar emociones. / La que prefiere arroparse en un caparazón. / Pero entre tanto, / sigo siendo sensible, / tierna, / hecha sin intención alguna de amar. / Yo, / la que llora por nada, / por todo. / La quisquillosa. / La que no sabe olvidar, / perdonar. / Yo la que conserva los versos de Gustavo Adolfo Bécquer / que leí en el colegio. / La que aún ríe a carcajadas leyendo Marcos Ramírez. / La que habla dormida, /duerme con medias, / y hace berrinches. / La que padece  mamitis aguditis. / La que sigue siendo tan torpe en el amor, / como en las matemáticas. / Tan escandalosa, / como callada. / La que ama la lluvia, / odia el sol, / y toma prednisolona. / La que no tendrá hijos, / pero si perros. / La que colecciona libros. / Yo, / yo a mis veinte ocho años recién cumplidos, / un poco más vieja, / pero aún viva. 

4/6/12

How low can you go


El tiempo marca el ritmo, las circunstancias los compases, las notas altas y bajas precipitan el sentir del vivir antes de morir. / He ahí el significado de la barra de un bar. Del desliz de las botellas. De las palabras que no vacilan. / Es sencillo, vida versus muerte, muerte versus vida. Y al final todos los pecados se echan en un mismo saco. / Las verdades, las mentiras. El solo de las trompetas. El amanecer a escondidas. / Sos leal. Sos compañía. Soledad, how low can you go.

9/5/12

Casito veinte ocho

Casito veinte ocho
tantito no mas
casito menos joven
tantito más vieja
tantito no mas.


3/2/12

Déjame vivir / lo que queda

Te llevaste de mi tantas cosas / que al mirarme al espejo tan solo veo el reflejo de un rostro extraño / “Bienvenido sos vos” / las sonrisas son un acto reflejo, que ni saben. / ¿Te llevaste mi alma? / A veces sospecho que he muerto, y nadie se atreve a decírmelo./ Me dejaste vacía / lo sé / vos también lo sabes / me hiciste fuerte / quizás demasiado.

6/1/12

Teoría sobre un hospital


Tras paredes de cemento 
se salvan vidas ¿almas?

Extrañamente se le odia,
al mismo tiempo que se le extraña

Mientras los turnos rotan,
entre esfigmomanómetros
se escuchan quejidos, alaridos, 
llantos desgarradores y silencios,
que anuncian la llegada de agonías

En ellos (los hospitales) entre pasillos
el  olor a muerte se abalanza en estampidas
apilando cadáveres desahuciados
aún cuando los tanques de oxigeno 
pareciesen funcionar.