Yo confieso que me encantas. Que me encanta que seas
tan miope como yo. Y entre tantas cosas
que me encantan, por ejemplo, el verte esbozar una sonrisa, el silencio prolongado
que guardas al escuchar, la manera en que tomas una cerveza, una tras otra... esa melena rebelde
que no dejas de alborotar, los colochos rejegos que cortas a punta de tijeras; probablemente
las que encuentras en algún rincón empolvado de casa. El olor a vos que
se queda en mi, aun cuando el sueño vence al despertador. Es tan simple, tienes ese
algo que no sé que es, que me encanta.
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29/5/12
5/5/12
El latido del bolero, del tango, de la ranchera
Tiene en casa un repertorio de
música, canciones que recuerdan el andar del latinoamericano, un conjunto de letras en verso que relatan el
sentir de todos los tiempos; acetatos que hacen de
respaldo en su cama, donde probablemente tarareando se queda dormido.
Tiene cernidas alrededor de las vigas boleros, tangos y rancheras, como si fuesen el camino a casa, al paso del zacate que de vez en cuando corta.
Ha de saber tanto de Agustín Lara, como de Carlos Gardel, como de José Alfredo Jiménez, de sus historias, de esa lista de verbos que forman sus canciones, del amor y desamor que en ellas encierran.
Y entre el trío de guitarras, la milonga y el tango, los charros y sus rancheras, divaga aquel verso de Amado Nervo en mi mente cuando estoy con él
“El día que me quieras tendrá más luz que junio;
la noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo
sus inefables cosas,
y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo”.
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