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16/11/14

Dejar la rutina

Dejar la rutina de lado es quizás una estocada inconsciente que se le da al alma.
Dejar la rutina de lado es como un recital de poesía declamada ante el absorto silencio.
Dejar la rutina de lado es recitar en la mente ese poema de Benedetti que tanto se ha leído.
Es creer en el sentimiento, es volver a sentir, es anhelar lo prohibido, es creer.


Y es que a veces, solo a veces, se le da permiso a la razón para que pueda el corazón sentir. 

15/10/14

Doce años


Sabes que las cosas andan mal cuando sientes esa extraña opresión en el pecho. Y es entonces cuando despiertas, cuando decides mutilar los pensamientos irreverentes que van naciendo en contra de la realidad, cuando se hace más necesario el silencio, cuando las letras se convierten en terapia.
Ese duelo perpetuo autoimpuesto hace eco, más aún entrada la madrugada.
Cómo olvidar, cómo desahogarse, cómo desencadenar el alma de su agonía, cómo simplemente olvidarlo.

Han pasado doce años, doce años desde aquel primer día en que se cruzaron nuestros caminos. Han pasado doce años en los que no hemos sido más que amantes fortuitos. Recuerdo cada detalle, recuerdo el olor de su piel, el calor de sus manos, recuerdo su mirada imperante, sus pasos cansinos y todos sus vicios.  
Tan solo libros y notas vagaban en mi cabeza, tan solo versos de Benedetti, de Neruda, tan solo Cortázar, tan solo Gioconda Belli, tan solo los sonetos de amor impresos, tan solo los cuestionamientos filosóficos de  Friedrich Nietzsche. ¡Era feliz!
En aquellos días las faldas de manta y las viejas sandalias reflejaban un guarda ropa ligero, bolsos de tela que salvaguardaban libros y libretas; y unas manos siempre dispuestas a escribir.
Y llego él atropelladamente, así sin más.
Llego haciendo despertar sentimientos, opresiones inexplicables en el pecho. Llego dejando el roce de sus manos en mi espalda. Llego dejando cicatrices en mis labios; labios que solo aprendieron a besarle a él.
Contra todo pronóstico él llego.  
Y entonces me cuestiono, y lloro, y le reprocho a mi mente por ser tan débil y al corazón por su existencia.
Doce años.

25/4/13

La utopía hecha pedazos


El despertador que no calla 
viaja a la inversa del segundero,
ese que yace en su cama.

El camino que caminamos 
viaja en paralelo a los gestos
a esos que esconden las miradas.

Somos sonrisas, silencios, 
computadoras encendidas,
a mitad de la madrugada.

Es entonces...
mirarnos, hablarnos,  
Es por tanto 
escucharnos.
Es decir 
es vivir viviendo verdades.

Y ¡Sí!, es verdad, es esto una utopía,
más no la extensión de un verso.

27/12/12

Y sin embargo estoy


No soy el coro de la canción que pones en tanto juego en tu cama. Sin embargo entre el sentir y la razón estoy. / Estoy ahí escuchando, mirando, viendo cómo se pasa la vida. / Ahí sostenido la sonrisa cuando juegan los niños. / Sostenido mis celos; como si valiera la pena sentir. / ¡Sí! Estoy ahí fregando mis versos, cantando en silencio, leyendo, soñando, encogiéndome de hombros. / Estoy como todos curándome las heridas. 


20/11/12

Retrato hablado



Viajas a la sombra de la vida, por calles y avenidas.
Quizás por ello nos encontramos aquel día.
Y sin más nos hallamos casi que a escondidas.
Vas en el camino con un cigarro en la mano,
con una pipa en el bolsillo bajo un cielo roto.
Vas por esas calles frías saludando a conocidos.
Vas como probablemente también iría yo.
Ya en casa, quizás, el mismo letargo te acompaña.
Ya en casa quizás cruzas a ciegas un sinfín de imágenes
y haces de ellas una alucinación, tan similar como tus gestos.
Ahí en casa, en la esquinita sin calle casi como la calle melancolía
que interpreta Sabina, probablemente enciendes de nuevo un cigarro,
y recuerdas que a pesar de haberte mudado hace años del barrio, volviste a él.
Vuelves al tiempo, al letargo, al silencio, a la casa esquinera donde susurras,
donde lloras, donde cuestionas y empecinas ideas, palabras, lágrimas.
Pero como lo has dicho, siempre has hecho el intento y nada ha salido.
Y no es que no llegues, es que en tu mente todo es melancolía.
Y te castigas, de tanto andar sin encontrarte.
Y te castigas fumando solo, bebiendo solo antes de dormir,
y duermes sin resolverlo. Y te enfadaste con la vida. Y conmigo.
Y aquí estoy sin ser psicóloga, ni psiquiatra, trepándome en tu cama,
enredándome en tu espalda, sujetándote las manos.
Y si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.
no solo se escucharte en la barra de un bar.