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7/1/12

Un siete de enero


Me duelen las nalgas de estar sentada, a ratos escribiendo, a ratos leyendo. / El hábito de amanecer viendo a todos dormir en casa volvió. / Mientras los perros del frente ladran y los de al lado responden, los ronquidos de mi hermana y de Sofí se responden entre sí. / Desde hace dos años tenemos cortinas en la casa. Es decir, ya no vivo en Coronado. / Aquí, donde ahora vivimos, desistimos de usar coffe maker, y cambiamos los filtros por una bolsa para chorrear el café. / Deje (debería decir, dejamos) de ir a misa los domingos. / Aquí, le sigo teniendo miedo a los temblores, los lunares en mi cuerpo no han cambiado de lugar, y llevo la misma mancha en la nuca y un coagulo de sangre en la retina del ojo derecho. / Tengo la misma lista de exnovios, la que empieza con él, y termina en él; y unos cuantos pretendientes que termino espantando con gracia y aplomo./ Sigo durmiendo con tres almohadas: una para apoyar la cabeza, otra que abrazo boca abajo y una entre las piernas, por aquello del frío. / Y hoy, precisamente que no consigo dormir hay ropa colgada y zapatos regados entre un silencio discreto a las tres de la mañana.

9/9/11

Las güilas, los carajillos

Los que jugábamos entre el patio de las casas, los que correteábamos a los pollos de tío-tío.

Los que nos encaramábamos en el pick up de papá para subir a Las Nubes, en Coronado.

Las güilas y carajillos que nos creíamos las historias de mita, leyendas y cuentos pueblerinos.  

Los que comíamos moras, apeábamos granadillas, los que nos íbamos pal bajo del río, y cogíamos café en vacaciones de fin de año.  

Los que le sacábamos brillo al piso con tal solo un par de medias viejas, los que veíamos Súper ratón, Súper Campeones, Heidi, La Casita de la Pradera, Odisea Burbujas, y otros cuantos más en la sala de alguna casa del barrio, o la alameda.

Güilas y carajillos que nos choreábamos tomando café con gatos y natilla, sin poder faltar las galletas de panadería con mantequilla. Los que comprábamos una pitufa, bolis y helados de palito en la esquina.

Los que sudábamos corriendo de aquí pa´allá, de allá pa´acá, y si salía alguno herido, no había nada que un poco de hielo no pudiese resolver.

Las güilas, los carajillos, que hoy decimos ¡Qué buenos tiempos aquellos!

29/5/11

Besos robados

Besos robados, con sabor a sauce, a hierba;
en una noche fría de Coronado.
Besos robados, con sabor a ti, al café de la tarde;
viendo llover en Coronado.
Besos, con sabor a miel, al dulce de tapa que cubre mi piel;
al tiramisu que guardamos ayer.
Besos tuyos y míos, a medio labio, robados; para no sentir.