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5/10/14

La talla de mi brasier

¡Dios bendiga a quien invento el brasier! Por cierto ¿Quién lo invento? Google respondió a mi pregunta con aproximadamente 176.000 respuestas.

Bien, después de leer las primeras tres de ellas en síntesis el brasier tiene aproximadamente unos cien años de existencia, sobre su creador no me quedo muy claro, la historia habla de Otto Titzling, Phillip de Brassiere, Wallace Reyburn, Hermine Cadolle, Pierre Poiret y finalmente se menciona a Mary Phelps Jacobs, en fin quien fuese entre ellos ¡Dios le bendiga!

Existen alrededor de esta prenda una serie de datos interesantes, por ejemplo durante la Primera Guerra Mundial Estados Unidos obtuvo 28 mil toneladas de acero, producto de los corsés, los cuales pasaron a ser tan solo metal fundido.

Otro dato que me llamo la atención, es que al igual que los condones y ataúdes, la producción de brasier fue “estándar”, hasta 1928 que Ida Rosenthalu, comenzó (como llamamos los mercadologos) la segmentación de un producto por siempre imperante.

En los años sesenta una quema de brasier se convirtió en la voz de mujeres que reclamaban sus derechos y libertades sexuales.

Cuando surgió en mi cabeza escribir La talla de mi brasier estaba sentada en una mesa de tragos con dos hombres, mientras los escuchaba hablar sobre lo que ellos consideran un importante atributo femenino (los pechos), fue escuchándolos que me di cuenta de cuantas veces he sido participe pasiva en conversaciones de este tipo, por ello decidí empezar a escribir.

Somos juzgadas por el atractivo de nuestro cuerpo, especialmente por el tamaño y forma de nuestros pechos y sumado a ello somos bombardeadas por la industria de la lencería, que vino con el propósito de “ayudarnos” a aumentar nuestros pechos; muy solidario de su parte, ya que entre más grandes sean; sin generalizar, es mejor visto.

Entrando a la adolescencia mis padres me regalaron un libro llamado el Desarrollo integral del adolescente de Nancy Van Pelt, libro que años después leí con fines académicos. El capítulo tres se titula La niña preadolescente, en el cual tres páginas hablan sobre el desarrollo del busto.

Uno de los párrafos que más llamó mi atención en este apartado fue “Algunas chicas no saben qué hacer con su busto cuando se desarrolla. No saben si ocultarlo o exhibirlo. Si procuran ocultarlo, eso significa que tratan de ocultar el hecho de que están entrando en la adolescencia. No hay necesidad de hacerlo. Pero tampoco deben exhibir su busto usando blusas excesivamente escotadas o prendas de vestir demasiado estrechas. La gente debería sentirse atraída a ella por su persona y no por su busto”. Esas últimas quince palabras marcaron mi vida.

La talla de mi brasier es 36B, mis pechos sobrepasan el tamaño de mis manos. Mis pechos, sí, mis pechos, ellos son míos, le pertenecen a mi cuerpo, son una extensión de mí, pero no me definen, porque soy más que una talla de brasier, porque no he necesitado en treinta años exhibirlos para recibir un elogio, porque puedo vestirme sin necesidad de dejarles ver, nunca han sido el centro de atracción ante un hombre o en medio de una conversación porque tan solo son parte de mi anatomía.

Una talla de brasier no define quienes somos o cuan merecedoras de amor podemos ser. Una talla de brasier es tan solo un número que nos permite sentirnos cómodas y bellas al vestir, es tan solo un símbolo que nos hace ser mujeres, tan solo eso.

Por ello yo bendigo mi sexo, bendigo mi cuerpo y mis pechos talla 36B.



9/11/12

R.I.P


Soy costarricense de sepa, como diría mi abuela. Nací en un país que a pesar de ser pequeño en extensión (51.100 kilómetros cuadrados para ser exacta) nos destacamos entre las naciones del mundo por nuestro sistema democrático.
Quizás por esa razón el expresidente de Uruguay Jose María Sanguinetti, expreso "Donde sea que haya un costarricense, no importa donde esté, siempre habrá libertad".
¡Ups! Por esa razón, y ante los acontecimientos de las últimas semanas, lo que Jose María Sanguinetti expreso hace eco en mi cabeza, más aún cuando las planas de los principales medios de comunicación de mi país ponen en evidencia el caos que la suiza centroamericana esta afrontando.
El país en el que nací, a diferencia de otras naciones, ha privilegiado a sus ciudadanos con el derecho de ser educados. La alfabetización, la cual debemos al papel del Dr. Florencio del Castillo quien nos represento en las Cortes de Cádiz y creo la Casa de Enseñanza de Santo Tomás es una de las razones por las que esta tica lee y escribe. Es decir, el analfabetismo no fue, ni es una opción para las mujeres y hombres que habitamos tiquicia; como popularmente decimos.
Por tanto me atrevo a decir que los ticos y las ticas somos educados con el fin de mejorar nuestra condición social, y lograr así el progreso de nuestra sociedad.
Somos educados bajo el precepto de la libertad, de la paz, de la igualdad, con una larga tradición democrática, que nos ha caracterizado por evitar conflictos que involucren acciones militares. No por nada el primero de diciembre de 1948, nuestro expresidente José Figueres Ferrer, conocido como “Pepe” Figueres, disolvió el ejercito en Costa Rica.
La abolición del ejército simbolizo el inicio de una época que ha trascendido hasta hoy; o al menos así deseo pensar, donde el gobierno se preocupa más por la seguridad y educación del país.
Es decir si soy tica es porque vivo en un país tranquilo, que ha evitado los conflictos militares resolviéndolos a través de negociaciones. Porque vivo en un país que busca la igualdad social a través de la educación gratuita, derecho adquirido constitucionalmente en 1869, un país que abolió la pena de muerte en 1882 y la disolución del ejército en 1948.
La breve reseña es tan solo una excusa para recordarme, y porque no recordarle, de donde venimos, y porque en lo personal me indigna lo que esta sucediendo en mí país.
Porque el país que nos educo, hoy nos reprime. El país sin ejército del que nos hemos jactado, hoy ejerce poder contra su propio pueblo. Hoy el país que se hace llamar uno de los países más felices del mundo, tiene a los ciudadanos más indignados y consternados, una sensación lejana a la felicidad.  

17/10/11

En la avenida


En la avenida andan a ciegas las miradas,
se dispersan entre nubes las palabras,
y el silencio que no olvida
hace eco entre el alambrado público.

Y caminan los que luchan,
los desahuciados,
los vivos que han muerto
y los que han resucitado
entre líneas invisibles
pasando el semáforo.


Caminan tantas almas
que segmentamos,
que compran, y ahorran,
gastando las suelas del zapato.

Y caminan en la avenida
todos esos que son, y no son.

El marido y su amante,
la mujer y sus niños,
los niños sin padre, ni madre,
los enamorados,
los vendedores ambulantes.

Y cambia el semáforo,
y cambia el mercado,
y cambiamos todos,
entre avenidas.