El despertador que no calla viaja a la inversa
del segundero, ese que yace en su cama. El camino que caminamos viaja en paralelo a los gestos a esos que esconden las miradas. Somos sonrisas, silencios, computadoras encendidas, a mitad de la madrugada. Es entonces... mirarnos, hablarnos, Es por tanto escucharnos. Es decir es vivir viviendo verdades. Y ¡Sí!, es verdad, es esto una utopía, más no la extensión de un verso.