30/4/11
29/4/11
27/4/11
EL RELATO DE UNA PENÍNSULA
Cargados de un ligero equipaje bajo un cielo indiferente
abordamos la cazadora de descoloridos asientos, en los que dejamos caer por
inercia el cuerpo destilando aún olor a ciudad.
Tras horas vislumbramos como la península levantaba sus
brazos al vernos llegar, iluminándonos al anochecer con una luna pálida que se
borraba lentamente sobre árboles que atentos nos escuchaban, y tras el silencio
velaban el caer de nuestros parpados.
Al amanecer, arena y mar confabulaban para enrojecer
nuestra piel en medio de sus manglares, del romper del mar al rosar un colorido
grupo de kayaks, así íbamos descubriendo la tenacidad de un malabarista ajeno a
los rostros en Playa Blanca.
Quemando ansias con el golpe seco de unos dados
mentirosos al caer la tarde pasaban las horas, esperando un nuevo despertar
exaltados ante la majestuosidad del mar. Abordando una panga que nos esperaba
meciéndose en el mar, vimos como este acariciaba sus viejos maderos al romper
de las olas, exaltados y permisibles dejamos la brisa apoderarse de nuestra
mente hasta encallar entre mogos.
Más allá, en Boca Brava, la quietud de la marea parecía
estar esperándonos haciéndonos regresar con la pasividad de su oleaje a tierra,
y al caer la última noche con el carbón calcinándose en medio de la gula de un
grupo enloquecido el beber en medio del silencio apaciguaba el calor de los
labios, deleitados con los acordes de Venus, parafraseando a Sabina como canto
de cuna antes de ascender por el camino donde moría el cuerpo.
14/4/11
Reencuentro
Después de implorarle al destino que no te llevara con él; dejando salir en silencio lo que me haces sentir llore.
Llore, intentando atrapar el ayer, cuando amanecíamos en medio del frío de la noche sentados en la húmeda hierba de la sabana.
Y al levantar mi rostro y secar mis lágrimas te sentí tan lejos; tan lejos uno del otro vagando en medio de la bruma, y en ese momento se erizo mi piel, al comprender que el abrigo de tus brazos sobre mi espalda era tan solo un recuerdo acompañado por el canto de un ciervo que aún te exalta escuchar.
Porqué, porqué nos dejamos morir cuando rozábamos con ternura nuestras almas.
Te necesito, y quiero estar contigo. Lo sé, lo sé, es mejor aguarda silencio; pero cuando trato de olvidar te escucho de nuevo: - hace tanto tiempo que espere que pasara esto.
Quisiera creer que lo sentiste, que lo deseaste; tanto como desee nuestro encuentro; pero no te escuche cuando al atardecer me dijiste - no me dejes dormir, pero lo hice te deje dormir a mi lado tan cerca, tan lejos.
"tu corazón es demasiado grande para ver esas cositas, aunque no te arrepientas de lo que haces"
¿Te arrepientes? Yo, yo no.
11/4/11
“Estamos vivos, hay que seguir”
Le he dado un vistazo a la noche, y me he puesto a recordar los amaneceres llenos de nostalgia que nos llamaban a confesar el paso fúnebre que cargábamos al andar.
me he puesto a recordar como velabas mi felicidad, con la fuerza venidera del camino largo que recorríamos al hablar.
me he puesto a recordar, y al recordar algo luminoso, y sin igual, me inundo en lágrimas al mirar atrás.
recordé nuestro confesionario, ese impenetrable rincón que nos protegía y en donde algunas veces peleamos codo a codo; yo desahuciada, y vos sin esperanza alguna de volver a sentir.
y recordé, recordé como nos levantamos, cuando vos dijiste “estamos vivos, y hay que seguir”
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