En algún momento de la vida busque a alguien con quien compartir eso que llaman felicidad, y en el intento me enamore de él, de ese lector empedernido que me envolvió en sus palabras, que me hizo sentir especial con tal solo clavar su mirada en mí.
En él vi sus ansias por buscar más allá de las palabras, del silencio. Pero no percibí que tan solo se burlaba de mí, en tanto yo me enamoraba cada vez más de él.
Me enamore de quien me escuchaba como si mis palabras salieran de algún libro, de quien me cuidaba como si temiera perderme; al menos así lo quiero creer.
Sí, me enamore de él, de quien entro atropelladamente a una clase, del rebelde, del lector, del que estuvo más ausente que presente en cada capítulo de la historia.
Me enamore escuchándole hablar de política, religión, ciencias y arte.
Me enamore del chico raro que amaba el café por las mañanas acompañándole de algunos cigarrillos, del que nunca hizo bromas tontas, de ese loco que me abraza en silencio en tanto besaba mis labios con delicadeza.
Me enamore de él al verlo leer un libro, reafirme ese amor al reposar mi cabeza en su pecho antes de dormir oliendo su piel, pero me enamore aún más cuando empezó a escribir esas cartas que dibujaban una sonrisa en mi rostro.
En algún momento de la vida busque a alguien con quien compartir eso que llaman felicidad, y en el intento me enamore del hombre incorrecto que inmortalizo sus besos en mis labios.
Busque a alguien con quien compartir eso que llaman felicidad, y termine conociendo a quien me presento la soledad.
9/7/14
18/5/14
Al final
Esta vez el canal y la frecuencia del mensaje variaron./ No escribiste entre semana, esperaste al fin de semana. / Escribiste exactamente a siete meses de aquel sábado en el que sin más nos dijimos “adiós”. / Escribiste antes del clásico, bajo un aguacero, de noche y sin aviso alguno. / Escribiste confesándote… confesándome. / Escribiste creyendo volver a encontrarme tan enamorada como hace diez años, incluso como hace siete meses atrás. / Pero escribiste omitiendo el paso y el peso de los años. / Te quise tanto. / Deje que encendieras y apagaras la luz. Que llegaras y partieras sin más./ No negare que avivaste en mí ese sentimiento al que llaman amor. Pero hoy nuestras vidas son distintas. / Y aún así escribiste cuando descubriste que al final soy la única persona con quien puedes ser quien eres,
con quien quieres serlo. / Escribiste acostumbrado a mi soledad, esa soledad fruto de una convicción errada.
Escribiste creyendo aún tenerme.
3/4/14
Ceguera
Años de ceguera a oscuras en silencio dependiente del recuerdo apenas sobreviviendo entre sueños. Siguiendo caminos sin sentido, sonriendo sin sentirlo, construyendo muros sobre su recuerdo, entre escombros y escombros. Pensando en el algún día en un regreso en un “milagro”. Fue entonces, quizás, cuando se dispersó la ceguera, cuando la noche dejo de ser noche, cuando me entere que la soledad es también compañía.
23/9/13
Soltera y sin hijos
Antes de que comience a leer deseo advertirle que si es usted una mujer; como suelen decir, infelizmente casada e infelizmente madre no debería continuar la lectura.
Tengo veintinueve años, soy soltera, no tengo hijos, lo cual no es sinónimo de que esté en contra del matrimonio ni la
maternidad. Tampoco es sinónimo de infelicidad, egoísmo, o algún otro sinónimo
de las palabras mencionadas.
Soy soltera y sin hijos porque aprendí;
gracias a la formación de mis padres a tomar decisiones en base a mis proyectos
personales y profesionales. Es decir, a corta edad tome la decisión de estudiar
una carrera que me apasionase para así no tener que trabajar nunca, por ende
decidí rodearme de personas con una línea de pensamiento similar, eso significa
que gusto de conversaciones inteligentes, retadoras, tanto como alentadoras; lo
anterior me volvió una persona selectiva.
A lo largo de los años he ido
construyendo una madurez emocional que me ha costado relaciones fallidas, tanto
a causa de mi apatía por las relaciones dramáticas, como en mi manera de ver el
amor; una balanza entre lo racional y lo emocional.
De cara a la vida sentimental he por
tanto aprendido a conocer y descartar, así que si usted es de las mujeres que
se jacta de llevar un anillo de compromiso o una sortija de boda, mirándome con
lastima, pierde su tiempo. Lo que quiero decir con esto es simple, su
frustración no fue mi elección.
Si es usted hombre y ha leído hasta
el párrafo anterior, quiero que sepa que ser soltera y sin hijos se debe a que
a diferencia de las mujeres con quienes suele compartir su cama, yo no busco un
hombre que me proteja, busco un hombre que sea mi compañero, quien viva en
busca de su realización personal y profesional, y comparta conmigo esa
felicidad y triunfos, al mismo tiempo que comparto con él mis alegrías y
logros.
¿Por qué escribir algo así? Se
preguntará, si al igual que yo es una mujer soltera, felizmente casada o bien
si es usted un hombre con sentido común… pues bien últimamente he lidiado con
comentarios despectivos, un tanto cargados de lástima, pero más aún de
frustración e incomodidad por parte de mujeres que se sienten molestas consigo
mismas por mi estilo de vida... Así que decidí reflexionar un poco al respecto.
La vida se basa en decisiones, se
basa en asumir responsabilidades, se basa en convicciones, y hago hincapié en
el tema de asumir responsabilidades, de verse a uno mismo como individuo de no
actuar con base a lo que los demás quieren, esperan o desea… La felicidad es
algo personal.
Déjeme decirle que el amor es algo
maravilloso, que creo en él. He llegado amar y he sido amada. He llorado y
sonreído por el amor, pero sé que esa idea de subirse o no al tren del amor es
una decisión basada en la felicidad de dos personas que quieren vivir una vida
compartida sin dejar de ser quienes son, es un nosotros sin egoísmos, sin machismo ni feminismo.
En fin, la razón de este desahogo es
simple, como lo mencione, las mujeres
libres e independientes no tenemos la culpa que las mujeres frustradas e
infelices se sientan más frustradas y más infelices al vernos ser felices.
15/7/13
Hablando de mi
El preámbulo de los treinta es un agasajo mental. ¡Sí! Así lo
defino, un agasajo que viene a cuestionar sobre lo vivido, lo aprovechado, y
porque no lo desaprovechado. Aunque siempre de lo que consideramos derrochado
aprendemos mucho más.
¡Felices 29!
Pues bien, como quinceañera releí mi diario, sí, sí, un diario,
como esos de colegiala en donde plasmas sonrisas, llanto y suspiros, uno por el
cual los años han pasado, han ido madurando, dejando entre ver en sus
páginas amarillas una metamorfosis, mi metamorfosis.
Soy lo suficientemente consiente de que en la vida lo importante
(Al menos así lo he aprendido) es reconocerse en lo vivido, en recoger de cada
experiencia una pisca de algo que en algún momento ha de servir. O pues bien,
una pisca de algo que siempre se presta como excusa para brindar.
Por tanto he de confesar que ayer cerré un ciclo, renací, eso significa para mí
un cumpleaños, en el que se recopilan experiencias tal cuales tesoros.
Y acá entra el sentimentalismo, siete años atrás ¡Qué rápido
pasan los años! Cada vez voy comprendiendo e interiorizando la realidad, mi
realidad, la cual en lo más mínimo se asemeja a lo que una vez soñé. ¡Condenado
destino! Pero que bueno ha sido este conmigo.
Por ello aquí estoy, aquí voy, aquí sigo sacando pecho, remangándome
la camisa, sacudiéndome el polvo de las rodillas, lavándome la cara y curándome las heridas, pero mejor aun saboreando los buenos momentos, esos en donde
duele la panza de tanto reír, en los que las lágrimas brotan de felicidad, en
los que sientes que el corazón se te sale del pecho por su palpitar.
Y lo mejor, me quedan sueños por cumplir, metas por alcanzar,
cosas por compartir, un camino por andar, otros por conocer... y he de confesar
que hoy más que ayer la convicción de encontrar un compañero de vida, alguien
capaz de amar con libertad. En tanto este llegue, continuo mi nuevo ciclo, uno que trae ya consigo
muchas más bendiciones de las que podría creer merecer, una familia hermosa más
no perfecta, una profesión que no es un trabajo es un placer, una pasión, y,
desde hace mucho un fenomenal grupo de amigos y amistades, que me hacen
recordar que siempre hay algo en la vida por celebrar.
Son muchas las bendiciones, los regalos que han llegado a tocar
mi alma, mi mente, haciéndome ser una mujer que recién cumplió veinte nueve
años, y con ellos un invaluable significado sobre el don de la
vida que Dios me concedió.
Hoy por tanto continúo caminando, sonriendo, llegando a casa, amándome para poder amar con sinceridad, siendo feliz, llorando con libertad y sin culpa, encontrando y defendido mi lugar en el universo.¡Felices 29!
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