9/5/12

Casito veinte ocho

Casito veinte ocho
tantito no mas
casito menos joven
tantito más vieja
tantito no mas.


8/5/12

Los miopes


Vos tenes tanto como yo por dejar llover
tanto por dejar caer, por olvidar
susurramos dormidos lo que despiertos no decimos.
Tratamos tan solo de contener lo que somos
verdades, sin mentiras. 

5/5/12

Leer, esa es la cuestión


Después de leer el articulo de Homero Aridjis, Que te muerda algún libro. 

En mi caso la disyuntiva es dormir o leer, esa es la cuestión. He de agradecer, antes de continuar la imposición de mi padre – En esta casa no se ven telenovelas.

No hay duda de que es un hombre sabio, me hizo cambiar la televisión por el apacible placer de tener entre las manos un libro, su olor, su textura, las dimensiones que en ellos se encierra. El poder sentarse a deslizar entre los dedos las hojas que van tejiendo en el aire una historia, hilvanando en el cielo un destello.

El envejecer y rejuvenecer con cada libro, el reír al punto de que duela la panza, el llorar desconsoladamente y suspirar deteniendo la lectura para mirar con los ojos cerrados un más allá lo que en realidad es tan cercano, entre cada una de las letras escritas tan perfecta y delicadamente, cuales cómplices al placer de quien les lee.

Tras cada libro leído, quedan en papel plasmados los pensamientos reflexivos que calan en quien aprende a ver en la lectura una manera de vivir.

Soñamos, aprendemos, volamos al leer. Soñamos, aprendemos, volamos al escribir.   


El latido del bolero, del tango, de la ranchera


Tiene en casa un repertorio de música, canciones que recuerdan el andar del latinoamericano, un  conjunto de letras en verso que relatan el sentir de todos los tiempos; acetatos que hacen de respaldo en su cama, donde probablemente tarareando se queda dormido.

Tiene cernidas alrededor de las vigas boleros, tangos y rancheras, como si fuesen el camino a casa, al paso del zacate que de vez en cuando corta.

Ha de saber tanto de Agustín Lara, como de Carlos Gardel, como de José Alfredo Jiménez, de sus historias, de esa lista de verbos que forman sus canciones, del amor y desamor que en ellas encierran.

Y entre el trío de guitarras, la milonga y el tango, los charros y sus rancheras, divaga aquel verso de Amado Nervo en mi mente cuando estoy con él

“El día que me quieras tendrá más luz que junio;
la noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo
sus inefables cosas,
y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo”.


3/5/12

El olvido, consumado


Dejamos una amapola, tal cual un lirio detrás de la persiana 
Un mastín tallado sin remordimientos, sin arrepentimientos
Olvidamos palabras tras confesiones 
Dejamos un turno sin pase,un despecho sin destino,
un instinto sin percepciones
Olvidamos el sentido de culpa, tras el pecado cometido,
consumado
Dejamos olvidada una condena sin plegaria,
transformando pensamientos.