14/5/11

Al despertar

Al despertar soñé con vos besando mis labios con esos labios tuyos que se roban mis instantes, que me pierden y embellecen. Soñé con vos, te sentí besando mis labios con esos besos tuyos que se roban mis labios dejando perpleja mi alma. soñé con vos, con vos.

4/5/11

Danza

Suavemente danza mi alma
sobre la tierra fértil que me vio nacer,
cautivada por el seductor golpe del darbuka,
que reaviva mi corazón,
y en un instante de eternidad,
sutiles suspiros se trasforman en movimientos,
y la música se apodera de mi.
Mi alma excitada,
mi cuerpo excitado,
danzando hasta llorar,
a veces de alegría,
otras de sombría tristeza.
Me convierto en un ave inatrapable,
cargada de emociones que trastocan el cielo.
La danzaen mi cuerpo, luminosa palpable, eterna.

30/4/11

Kiss me

Dale, ven róbame un beso que estos labios míos son tuyos también.

29/4/11

Soñé con él

...sintiendo como sujetaba mi mano al despertar.

27/4/11

EL RELATO DE UNA PENÍNSULA


Cargados de un ligero equipaje bajo un cielo indiferente abordamos la cazadora de descoloridos asientos, en los que dejamos caer por inercia el cuerpo destilando aún olor a ciudad.

Tras horas vislumbramos como la península levantaba sus brazos al vernos llegar, iluminándonos al anochecer con una luna pálida que se borraba lentamente sobre árboles que atentos nos escuchaban, y tras el silencio velaban el caer de nuestros parpados.

Al amanecer, arena y mar confabulaban para enrojecer nuestra piel en medio de sus manglares, del romper del mar al rosar un colorido grupo de kayaks, así íbamos descubriendo la tenacidad de un malabarista ajeno a los rostros en Playa Blanca.

Quemando ansias con el golpe seco de unos dados mentirosos al caer la tarde pasaban las horas, esperando un nuevo despertar exaltados ante la majestuosidad del mar. Abordando una panga que nos esperaba meciéndose en el mar, vimos como este acariciaba sus viejos maderos al romper de las olas, exaltados y permisibles dejamos la brisa apoderarse de nuestra mente hasta encallar entre mogos.

Más allá, en Boca Brava, la quietud de la marea parecía estar esperándonos haciéndonos regresar con la pasividad de su oleaje a tierra, y al caer la última noche con el carbón calcinándose en medio de la gula de un grupo enloquecido el beber en medio del silencio apaciguaba el calor de los labios, deleitados con los acordes de Venus, parafraseando a Sabina como canto de cuna antes de ascender por el camino donde moría el cuerpo.